Afectuoso pero con bastante carácter, el Pequinés tiene un cuerpo
corto y una cabeza maciza de cráneo ancho y plano. Su característico
hocico es aplanado, chato y arrugado y está situado entre sus saltones
ojos oscuros. Las orejas, colgantes en forma de corazón, están
pegadas a la cabeza y la cola forma un penacho que cae sobre el lomo. Pecho
ancho y miembros cortos. Pelaje: capa exterior larga y más bien áspera,
capa interior suave y densa. Color: todos los colores y abigarrado.
Debe ser bien educado para reprimir al máximo su mal humor. Hay que
cuidar especialmente sus ojos y su cara y estar alerta a las dificultades
respiratorias que le puede provocar su aplastada nariz. Los cachorros deberían
elegirse con cuidado.
Algunos dicen que por su carácter se parece más a un gato que
a un perro. Es orgulloso, tozudo, valiente, y nunca sumiso. Cuando le apetece
sabe ser cariñoso y mimoso, pero no da su afecto a cualquiera. Dedica
a su amo un amor exclusivo. Con los extraños puede mostrarse furioso
y pendenciero.
El Pequinés pertenece a una de las razas más antiguas del mundo.
La leyenda cuenta que surgió del amor entre un león y una pequeña
mona. Durante siglos fue mimado, honrado y venerado como propiedad exclusiva
de la corte imperial China. Cuando en 1860 los ingleses conquistaron Pekín,
hallaron cinco pequineses en el Palacio. La reina Victoria recibió
uno como regalo y desde entonces siempre ha habido Pequineses en la cría
de perros inglesa.
El Pequinés puede ser un buen perro de guarda, pero sólo se
guarda a sí mismo. Está acostumbrado a las comodidades y es
el perro de lujo por excelencia.
Pros:
- Tamaño cómodo.
- Gasta poco.
- Necesita poco ejercicio