Pacífico y afectuoso, el Mastín Napolitano presenta una estatura
poderosa, siendo grande y muy fuerte. El cráneo es ancho y plano y
el hocico corto. Los belfos superiores cubren a los inferiores y tiene en
la papada largos repliegues. Las orejas (que en situación normal se
hallan semierectas), tienen las puntas cortadas en algunos países,
sucediendo lo mismo con la cola. Ojos pardos y separados. Pecho profundo,
lomo musculado y miembros sólidos. Pelaje: corto y suave, bien apretado.
Color: negro, plomo, gris, leonado o leonado estriado.
La cría del Mastín napolitano es cara y difícil. Su temperamento,
en principio pacífico, puede volverse agresivo si su propietario no
es capaz de dominarlo con sensatez y responsabilidad. Incluso con una educación
constante y sensible nunca llegará a ser francamente obediente. Come
mucho y necesita mucho espacio debido a su enorme complexión. El aseo
que requiere es mínimo.
Se trata de un perro generalmente equilibrado, tranquilo e inteligente que
soporta muy bien el dolor físico. Su aspecto bonachón, aunque
cierto con los que le rodean, no debe engañar a los extraños,
a los que puede llegar a atacar con gran agresividad. Rara vez busca una pelea
pero, una vez empezada, lucha sin contemplaciones. Protege y aprecia sinceramente
a los niños.
Sus antepasados se encuentran probablemente entre los antiguos perros de pelea
de los romanos. La crianza de estos imponentes perros italianos no ha cesado
jamás, a pesar de las guerras. Caído en el olvido durante siglos,
ahora ha vuelto a ponerse de moda.
Ha sido perro de lucha, de guerra y policía. Actualmente se le adiestra
como guardián de casas y granjas y se le aprecia cada vez más
como perro de compañía.
Pros:
- Inteligente.
- Fiel.
- No necesita hacer mucho ejercicio.
- Amigo de los niños.