El
Bull Terrier ha de ser un perro fuertemente construido y musculoso, sin que
por ello de la impresión de ser desgarbado. Su fuerte cabeza es ovoide,
con ojos oscuros en forma de almendra, profundamente hundidos y orejas pequeñas,
aguzadas y delgadas. El cuerpo, de costillas arqueadas, está sólidamente
plantado sobre los miembros anteriores, fuertes y paralelos. La cola, corta
y gruesa en la base, es llevada horizontalmente. El pelaje es corto y duro,
lustroso, de color blanco y puede tener algunas manchas en la cabeza. También
puede ser coloreado, y en este caso debe dominar al blanco. Se admiten el
leonado, leonado rojizo, atigrado negro y el pelaje tricolor (negro y blanco
con marcas de fuego en las extremidades).
Su pelaje corto exige pocos cuidados y su adiestramiento no es difícil.
Aunque violento en su origen, una selección eficaz y otras aportaciones
de sangre le convirtieron en un perro de carácter regular. A pesar
de ser obstinado, se somete a la disciplina, y actualmente queda poco de su
antigua ferocidad. Los ingleses y los americanos han conseguido incluso que
gane concursos de obediencia, y puede decirse que actualmente es un perro
obediente, afectuoso y sensible.
El Bull Terrier nació hacia 1.830, cuando los combates entre perros
y toros eran muy populares en Inglaterra. Se consiguió a través
de cruces entre el bulldog, del que conservó la agresividad, y el terrier
blanco inglés, del cual heredó la agilidad. Parece que tiene
también algo del Dálmata en su sangre.
Originariamente fue creado para participar en las luchas entre toros y perros.
Su temperamento violento e incluso arisco y brutal al principio le hizo ser
inestimable para la función para la que había sido destinado,
ya que antes de soltar la presa se dejaba matar por su pesado antagonista.
Cuando, en 1850, esas luchas fueron prohibidas se transformó en perro
pastor y en fiel compañero del hombre.
Pros:
- Buen guardián.
- Compañero adicto y discreto.